El río invierte el curso de su corriente El agua de las cascadas sube La gente empieza a caminar retrocediendo Los caballos caminan hacia atrás Los militares deshacen lo desfilado Las balas salen de las carnes Las balas entran en los cañones Los oficiales enfundan sus pistolas La corriente penetra por los enchufes Los torturados dejan de agitarse Los torturados cierran sus bocas Los campos de concentración se vacían Aparecen los desaparecidos Los muertos salen de sus tumbas Los aviones vuelan hacia atrás Los Rockets suben hacia los aviones Allende dispara Las llamas se apagan Se saca el casco La Moneda se reconstituye íntegra Su cráneo se recompone Sale a un balcón Allende retrocede hasta Tomás Moro Los detenidos salen de espaldas de los estadios 11 de septiembre Las fuerzas armadas respetan la Constitución Los militares vuelven a sus cuarteles Renace Neruda Víctor Jara toca la guitarra, canta Los obreros desfilan cantando “venceremos”
La Gripe Porcina, Influenza Porcina, Gripe A, Virus H1N1, o muchas otras combinaciones designan a este mal que (dicen) está haciendo estragos por todo el mundo. Mi intención aquí es simplemente comentar mis impresiones, basándome en mi contacto con el “mal del chancho” aquí en México y mi actual percepción de la situación en Argentina, unos días después del pico de atención y enfermedades y psicosis, etc., etc. Realmente me gustaría poder ofrecer más precisiones al respecto (ateniéndome a algún riguroso “método periodístico”), pero las prioridades cotidianas me juegan en contra en esta tarea. Hecha esta necesaria aclaración, continúo con la conciencia tranquila.
Una vez más, el papel de los medios de comunicación ha sido y es importante y, cuando menos, polémico. Hace varios días, la edición on line del mendocino diario Los Andes afirma, en uno de sus títulos, “Falleció un niño en el Notti que presentaba los síntomas del virus”. Lo curioso es que, en la misma nota y más abajo, el Ministro de Salud de la provincia, Jorge Saracco, advierte que "hay que tener cautela, porque no sabemos si la muerte fue por una bronquiolitis, una infección bacteriana o influenza". Yo me pregunto: ¿qué les pasa? ¿de qué están hablando?
Otra incongruencia grosera se produce en el hecho de que, según la OMS, son 89.921 (al 4 de julio de 2009) los casos en todo el mundo, mientras que el Ministro de Salud de la Nación, Juan Mansur, dispara al aire que son 100mil (!!!) los afectados en la Argentina. Y allí están diarios, radios, TV, para arrojarnos impunemente estas noticias. Nosotros las consumimos gustosamente.
Como estos, hay cientos de ejemplos.
Es muy difícil sacar conclusiones propias, lo reconozco. Estamos sometidos a una mediación avasallante*. Miro a mi alrededor y pocos lo ven o no les importa. Por eso estas palabras, para plasmar mi vivencia y mi percepción.
No dejo de indignarme por este mundo vivido a través de los medios de comunicación. Todo es lo que aparece en la tele. Lo que no aparece, no es. Pesa más lo que leí en el diario o escuché en la radio que lo que vivo día a día, lo que está al alcance de mi mano. Vivimos pensando en lo que podemos tener, hemos construido imágenes de cómo queremos ser.. Todo esto, mediado por ese “estilo de vida”, esos valores compartidos, esos ideales soñados, impuestos por los medios (y sus grandes empresarios, desde Disney hasta
Rial, desde las películas “taquilleras” y los estrenos hasta los rankings de la radio y el mismísimo Pergolini y sus contenidos contestatarios en formato vendible). Somos todos cómplices. “Los medios no me dicen qué pensar, pero sí me dicen en qué pensar”.
La gripe porcina o como quieran llamarle existe. No dejo de preguntarme qué tan grave es realmente. No niego: es una amenaza. Pero no logro descifrar cuánto es construcción del acontecimiento y cuánto es pandemia, vivida, sentida y sufrida. Cuando todo esto empezó en México, fui “de visita” al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y me recetaron (sólo por precaución) el famoso antiviral, Fosfato de Oseltamivir, dado que las placas no mostraron nada anormal pero mi estado se sostenía desde hacía una semana. Lo curioso de esta visita fue que, precisamente el hospital más importante de la Ciudad de México para este tipo de afecciones, estaba prácticamente vacío. ¡En pleno pico de contagios!
Saqué muchas conjeturas, pero ninguna me convence del todo. O todas lo hacen. Lo raro es que no conozco médicos aquí que se hayan animado a afirmar que atendieron o al menos vieron un enfermo confirmado. He estado en contacto con unos cuantos y todos “saben de” pero no vieron nada.
Finalmente dejo una nota que decidí incorporar , al leerla una vez que ya había redactado todo la anterior, ya que refleja exactamente esta mi sensación y acrecienta la impotencia. Que alguien con autoridad en el tema diga algo tan fuerte como que "la gripe que provocan los medios de comunicación es más grave que la real" no hace menos que revolverme el estómago.
Bueno, mis amigos, saludos desde lejitos nomás y sin estornudar...
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* Sé que con todo esto también estoy mediando, es decir, transmitiendo lo que he percibido y lo que pienso; toda comunicación supone una mediación, el problema está en el negocio que implica el consumo de la información mediada (y su manejo) para los grandes empresarios y profesionales de la comunicación y la información.
La muerte viene a endiosar a los muertos. La muerte viene a acrecentar los bolsillos de los que manejan las comunicaciones, de esos que llaman formadores de opinión o, más bien, de los dueños de la pelota. En definitiva, los formadores de opinión son unos giles que reproducen lo que les dicen que digan y, aún peor, se creen que están informando libremente. Pero nosotros también tenemos la culpa: consumimos medios de comunicación cual hamburguesas con papas o choris con coca, según sea el caso y el bolsillo. Nos dan atolito con el dedo.
Se murió Michael Jackson. Y Farra Fawcett, o como se escriba. Dos grosos, probablemente. Pero ¿cuántos de nosotros éramos fanáticos de la música del primero? ¿Por qué los noticieros, canales de variedades, programas de entretenimientos y de espectáculos y otras hierbas les dan tanta pero tanta pero tantísima pantalla? Medios gráficos, televisión, radios, web… todos. Debo haber escuchado, entre ayer y hoy, unas diez o más veces “Thriller”. Entiendo perfectamente: era un groso, creo. Respeto el dolor y respeto su arte. Hay otras cosas que no se pueden respetar, pero supongo que todos como buenos tigres tenemos nuestras manchas.
Lo que me choca es la adulación vana, el endiosamiento cholulo, la veneración conveniente. Para mí se murió y punto. Pero no me pidan que me duela como si se tratara de un familiar y no me obliguen a escucharlo repetidamente hasta el cansancio. Sus fans estarán tristísimos. Pero estoy seguro de que no todos lo son, sé de buena fuente que hay gente que no tiene ni un solo disco de él. Bienvenido el reconocimiento (aunque siempre es mejor en vida y cara a cara, ¿no?). Personas no gratas la adulación y el negocio. No seamos boludos, no consumamos muerte. Otra cosa que no entiendo es el dolor por estos desconocidos conocidos por todo el mundo, literalmente y no tanto. A ver: ¿por qué lloro al caucásico de color (oculto) cuando no tiene nada que ver conmigo? Siempre me he preguntado lo mismo en cuanto al consumo (¡qué fea palabra!) musical. Exceptuando a sus fanas, quienes tendrán sus razones para venerarlo, otra vez les pido que no me obliguen a llorar cuando no surgen de mí las lágrimas. Me dolió la muerte de Guinzburg, un poquito. Me va a doler cuando se muera Maradona, cuestionable “prócer” con algunos valores rescatables, según mi parecer. No me dolió la muerte de Fernando Peña, aunque sé que el tipo era un groso tal vez no llegué a conocerlo o simplemente las pocas veces que lo escuché no concordé con él. Sí me estrujó el corazón la muerte del genial Negro Fontanarrosa, y estuve varios días con una sensación feíta adentro. Hoy me enteré de que se murió Andrés Cascioli y, aunque no sabía quién era, cuando me enteré de que se trataba del creador de la revista “Humor” otra vez sentí un dolorcito. Por ninguno de ellos derramé lágrimas. Me pregunto qué pasará cuando se muera, digamos, Charly García. Me va a doler, estoy seguro; no lloraré, también lo puedo asegurar. Me va a romper las bolas el circo mediático y más me va a romper las bolas escuchar en la radio miles de veces “Cerca de la Revolución”, su versión del Himno Nacional Argentino o “Seminare”. No me gusta que me impongan qué debo llorar, qué debo recordar. Lloro y recuerdo a quienes quiero, a quienes conozco y, en menor medida, a quienes no conozco.
Hoy también se murió un candidato a diputado federal por Guanajuato, accidentado en su coche: apenas se mencionó en las noticias. Hace poco, apenas unas semanas, se incendió una guardería aquí en México, en la norteña Hermosillo, Sonora, donde murieron muchos niños. Me hizo acordar a Cromañón. Creo que por aquí los medios aún no transforman el morbo en espectáculo, pero van por ese camino. Días después de esa tragedia, empezó una persecución contra cualquiera que hubiera estado cerca, relacionado. Al rato, un diario tituló triunfante “¡Hay culpables!”. Creí que aparecería el nombre de Chabán por allí, pero no me detuve a leer, sentí que daba lo mismo. A veces sospecho que hay un ranking de importancia para los muertos. Nos han quitado la identidad, la posibilidad de llorar y sentir y recordar y escuchar y mirar y adular a quien nosotros queramos.
Van a seguir muriendo famosos. Van a seguir muriendo desconocidos del mundo. Me voy a morir algún día y vos también. Ojalá que nos lloren y nos recuerden sólo nuestros entrañables amigos, familiares o no.